Había una vez un pájaro tan soberbio que quiso alcanzar el cielo. Empezó a volar y volar hacia las alturas hasta que la temperatura se hizo tan baja que su cuerpo se congeló y empezó a caer. Usó las
alas rígidas para planear y al final tuvo la fortuna de caer sobre el blando lodo de una charca lo que amortiguó el golpe. Tan helado estaba que no consiguió reunir fuerzas ni para pedir socorro. Al poco rato paso por allí una vaca e hizo sus deposiciones sobre el pájaro y, gracias a ellas, se calentó su cuerpo y consiguió sacar la cabeza para cantar y llamar la atención de alguien que le ayudase a salir de allí. El canto fue escuchado por un gato que se acercó al lugar y, al ver que la cabeza del pájaro sobresalía de aquel monton de heces, se acercó y de un bocado lo sacó y se lo comió.
Esta historia tiene seis moralejas:
1º Si te sientes bien en un sitio no te dejes llevar por la ambición de ascender otro lugar desconocido.
2º Cuanto más subas más dura será la caída.
3º Caer en un lodazal puede ser una buena solución.
4º Quien te cubre de excrementos no es siempre un mal amigo.
5º No se debe cantar cuando se está con la mierda al cuello.
6º Quien te saca de la porquería no es siempre un buen amigo.
Jerónimo García Jorquera
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